Publicaciones — noviembre de 2005
En un lugar de la Mancha
Publicación en la revista ADE Teatro Nº 107, noviembre-diciembre de 2005, dentro del dossier «El Quijote a escena»
En esos lugares donde las carreteras se estrechan y hay que echarse a la cuneta un camión recorre los múltiples vericuetos que conforman la geografía castellano-manchega y se instala por unas horas en la plaza, en las eras, o simplemente a la entrada del pueblo porque no logra pasar entre calle y calle. En veinte minutos unos hidráulicos levantan el techo y los paneles laterales transformando este camión en un escenario, concretamente en un corral de comedias, con todos los elementos necesarios para realizar una representación, desde camerinos a telar, proyectores, pantallas acústicas y un largo etcétera. 61 localidades de esta comunidad disfrutarán este verano, gracias a las Compañías Armar Teatro (Toledo) & Falsaria de Indias (Albacete) y a la Fundación IV Centenario, de la representación titulada “En un lugar de la Mancha” que pone en escena una adaptación de tres entremeses de Cervantes… Éste es el resultado, retomemos la historia desde el principio.
La idea es sencilla, se trata de acercar el teatro a aquellos lugares donde no llega habitualmente o en el peor de los casos simplemente no llega. Cuando uno piensa que ese espectáculo puede ser el primer contacto con el teatro para muchos de los espectadores se le ponen los pelos de punta, pero también uno piensa que el espectador ha cambiado mucho en estos últimos años, que sus hábitos culturales en nada se parecen a los de antaño, que aquí las noticias vuelan, el tren pasa a toda velocidad y las carreteras nos acercan en un pis pas a prolíficos centros comerciales, cines de todo a cien y paraísos virtuales cegando nuestros sentidos y adormeciendo, cuando no ofendiendo, nuestro aletargado intelecto.
Los pueblos ya no son lo que eran, el espectador, queramos o no, ha cambiado. Nosotros hemos cambiado.
¿Cómo llegar a tan diferentes espectadores reunidos casi por azar? Uno porque es del pueblo, el otro por la otra, algunos por inercia, un señor de Valencia que vive en Madrid y otro de Cantabria que vive en Sevilla, una niña que nació aquí y su amiga, de Valladolid… Y todos a fin de cuentas van a participar como espectadores de la representación… Cuántas lecturas diferentes, cuántas culturas, cuánta riqueza en tan pequeño lugar, cuánto público… Unos nunca han ido al teatro, otros un par de veces, algunos todas las semanas y muchos ni siquiera se lo plantean.
¿Qué hacer, dónde será la representación, con qué medios técnicos y humanos? ¿De qué manera suplimos la falta de un escenario digno? ¿Cómo hacemos para conseguir que en todas las localidades el espectáculo se vea tal y como fue diseñado evitando las tan odiosas “adaptaciones” en el diseño de Luz, escenografía y un largo etcétera?
Estas son las premisas con las que inicia su andadura un proyecto escénico llamado “En un lugar de la Mancha”. Fue hace dos años cuando me llamaron Iñigo Benítez, Llanos Campos y Rosa Herrera de Armar Teatro y Falsaria de Indias para dirigir un espectáculo que giraría en verano por localidades diminutas. “¡Tenemos un camión! y queremos que nos dirijas un espectáculo.” Yo sin dudarlo ni un instante acepté encantado.
Coincidiendo con el centenario del Quijote y ante la avalancha previsible de espectáculos en torno a este personaje decidimos rendir un pequeño homenaje al autor del mismo poniendo en escena una cuidada selección de entremeses: “La guarda cuidadosa”, “El viejo celoso” y la “Cueva de Salamanca”. Ya estaba decidido el punto de partida.
La pregunta de siempre, la dichosa pregunta, aquella importuna que me susurraba entre las sábanas se materializaba en cada lectura: ¿Qué rescato hoy? ¿De qué forma materializo en escena aquellas situaciones que todavía siguen vigentes en nuestra sociedad? Siempre hay un compromiso con el texto original pero no podemos olvidar nuestro compromiso con el espectador contemporáneo. Yo necesitaba un planteamiento que distanciara la escena para presentarla desde una perspectiva nueva, para poder contar desde la distancia que nos imponen los siglos estos extraordinarios juguetes escénicos aquí y ahora sin que perdieran esa maravillosa vida que supo insuflarles Cervantes. De este modo llego al compromiso con la forma, con el ritmo, con una limpieza de movimientos absoluta, y así, desde la distancia, contar una historia que las más de las veces pertenece al pasado. Porque es también la forma una poderosa herramienta que nos permite contar aquello que el texto calla o duerme, perfila las intenciones revelando nuevos matices que el polvo de los años entierra y distorsiona y nos ofrece una renovada visión que complementa el papel amarillo.
Todavía rondan por mi cabeza las palabras de Heinrich von Kleist que en su ensayo “Sobre el teatro de marionetas” nos desvela una serie de principios estéticos que lejos de quedarse en los muñecos penetran en una dimensión poética y filosófica estableciendo de esta forma una precisa relación con el arte contemporáneo. Observando el trabajo actoral desde este trampolín se define la estética de la representación. De esta forma, cualquier movimiento de los actores es percibido por el resto, impulsando a nuevos movimientos, a nuevas variaciones de los diferentes centros de gravedad de los actores y de la composición general estableciendo, de esta forma diferentes ámbitos de lectura. La limpieza en el gesto, la acción, ha de ser impecable, para definir ese nuevo sentido que aparece en la representación liberado de las ataduras y el tedio que el paso de los años proporciona. Una vez dado este paso llegamos inevitablemente a un trabajo de máscara, porque las máscaras nos permiten jugar y deconstruir la realidad aparente, crean otro orden, establecen diferencias que hacen que las múltiples relaciones que se establecen con el espectador se modifiquen. Engracia Cruz realizó el diseño de las mismas.
Los entremeses beben de múltiples fuentes y absorben todas aquellas disciplinas artísticas con las que se encuentran, de esta forma no puede faltar la danza y la música que ensamblan las diferentes piezas que conforman el espectáculo. La composición musical fue creada por Mariano Lozano, quien trabajó codo con codo con los actores (Carmen Arribas, Cristina Penco, Mª Ángeles González, Rosa María Herrera, Alfredo Martínez y Chete Guzmán) para dar vida en forma de canto y percusión, sin artificios de ningún tipo, en vivo y en directo las canciones que Miguel de Cervantes escribió para estos entremeses.
El espacio escénico escenográfico, realizado por Ciro, es un corral de comedias, una corrala de dos pisos, seis metros de altura y ocho metros de embocadura que permiten sobre un camión representar el espectáculo con toda su dignidad sin ninguna variación en cualquiera de las localidades independientemente de los medios técnicos de que disponga cada uno de los diferentes pueblos o lugares.
La sencilla iluminación que queda integrada en el camión está basada en candilejas y apoyada ligeramente por proyectores frontales. El diseño lo realizó Iñigo Benítez.
El vestuario, diseñado por Liv Ortiz y realizado por Mónica Ramos, baila entre dos aguas, parte de patrones clásicos para deformarlos y tratarlos de acuerdo a la convención que el trabajo de los actores y la estética general establece.
Teniendo en cuenta la edad del texto a representar una de mis preocupaciones era dejar claro desde el primer momento del espectáculo, que aquello que se representaba influía de alguna manera en nosotros, espectadores de hoy, que miramos cómodamente en nuestra butaca una historia del pasado. Me preocupa la posición crítica del espectador ante la escena y no quería ni quiero darle la más mínima oportunidad a los durmientes.
La solución parte de aquellos bufones de antaño, también de aquellas figuras populares como la botarga y tantas otras que en los diferentes pueblos castellanos duermen esperando el beso de algún historiador que les haga salir del olvido. Son estos personajes, a ritmo de cencerro, quienes desde el principio de los tiempos nos hablan ahora para ofrecernos un texto de ayer representado hoy. Son ellos, por tanto, los responsables de cerrar el círculo y recordarnos de nuevo que el espectáculo todavía sigue vigente, que el mañana poco se diferencia del ayer.
El proceso de ensayos se realizó en una finca situada en Camarenilla (Toledo). Necesitábamos un lugar que nos permitiera concentrarnos, que dispusiera de sala de ensayos, habitaciones para los actores y el equipo de dirección, cocina, espacio para pasear y que nos permitiera en las últimas semanas trabajar sobre el camión.
El día 17 de junio se hizo un pre-estreno en la finca. Al día siguiente se inició la gira. “En un lugar de la Mancha” comienza su andadura.