Temáticas y tendencias en las artes de calle

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Temáticas y tendencias en las artes de calle

Publicación en la revista ADE Teatro Nº 130 y en el libro Movs 2010. El espectador activo. Año 2010

Artes de calle sí, pero ¿para qué calle? Cómo es nuestra calle? ¿Cómo es nuestro día a día en la calle? ¿Qué usos le damos a la calle? ¿Está la calle integrada en nuestra forma de vida? ¿Cuántos de vosotros tenéis que coger el coche para ir a comprar? ¿Hay bancos en las plazas? ¿Cuántos? ¿Están cambiando los bancos por sillas aisladas? ¿Dónde vivís? ¿En un pueblo? ¿Una ciudad pequeña, mediana? ¿Una gran ciudad? ¿A qué distancia está el lugar de trabajo?  ¿Conocéis a vuestro vecino? En las plazas donde antes, hace tan sólo unos años se reunían los ancianos, ¿Siguen estando ahí? ¿Dónde están? Porque algunos se habrán muerto, pero otros llegan. ¿Cuántos tipos de contenedores de basura podéis enumerar? ¿Alguien tarda menos de veinte minutos en aparcar? ¿Qué hacemos para divertirnos? ¿Dónde vamos? En los parques infantiles ¿Los columpios tienen cinturón de seguridad? ¿Hace cuanto que no os habéis sentado a la luz de una hoguera? ¿Cómo te enteraste del último cotilleo? ¿Te lo dijeron al oído o a través del Facebook? ¿Cuántas llamadas de teléfono haces al día? ¿Cuántos sms recibes? ¿Cuántos envías? ¿Podrías nombrar cinco superhéroes? ¿Y cinco héroes mitológicos? ¿Cuántas horas ves la televisión? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste al cine? ¿Y al teatro? ¿Dónde está el árbol más grande en tu ciudad? ¿Cuantas personas al mismo tiempo pueden asomarse a la calle desde tu ventana? ¿En qué piso vives? Desde esa altura ves a los peatones ¿pequeñitos, grandes o como si fueran mosquitos? ¿Ves peatones? ¿Coches? ¿Escuchas las discusiones del piso de al lado? ¿Se parecen las farolas de tu barrio a las que encuentras en otras ciudades? ¿Son las mismas?  ¿Cuántas cámaras de televisión graban tus pasos de casa al trabajo? Si nos pusieran una venda en los ojos y nos trasladaran a otra ciudad ¿Cuánto tiempo tardaríamos en darnos cuenta del cambio? ¿El último viaje que hiciste sin GPS? ¿Hogar dulce hogar o más bien hotel dulce hotel? ¿Te sientes seguro en tu casa? ¿Y en la calle?

En el siglo XX pasado, grandes transformaciones revolucionaron la manera de percibir el mundo y las diferentes formas en que lo representamos.

Nos hemos acercado a otras culturas por la curiosidad de conocerlas, con la facilidad que ofrece el turismo, frente a las expediciones coloniales expansionistas; hemos estrechado lazos comerciales mucho más de lo hubiéramos imaginado  en  épocas anteriores, nos hemos empapado y contaminado de modos de vestir, de hablar, de configurar el pensamiento;  nos hemos convertido en un mundo global y en muchos aspectos homogeneizado. Y a veces parece que sabemos más de alguien que vive a diez mil kilómetros que de la persona que vive en la puerta de enfrente.

Hemos aprendido a leer acontecimientos deshumanizándolos. Pondría por ejemplo, la impresión de que, como en las películas,  las guerras son lo que se ve por la televisión,  lejanas, decoradas, dirigidas, limpias e inodoras hasta el punto que  a veces han llegado a convertirse en un trasunto de ficción o al menos,  a ser representadas como tal, utilizando mecanismos y lenguajes propios de los medios de comunicación. Recordemos la guerra del Golfo o la caída de las torres gemelas y su retransmisión en hora punta.

La ciudad no deja ser un modelo en el que se ve reflejada la mentalidad de la sociedad. El concepto de ciudad es tan variable como las sociedades que las habitan. Las grandes urbes nacieron cerca de los lugares ricos en materias primas que propiciaban la producción industrial para después seguir creciendo en torno al comercio y las prestaciones de servicios. Ahora, en plena era tecnológica el concepto de ciudad se reinventa y difumina. El espacio público adquiere un significado completamente distinto. Los niños ya no juegan en la calle. La tendencia actual nos lleva a una ciudad disgregada, aséptica, funcional y tremendamente despersonalizada. Una ciudad que apenas tiene diferencias con el resto. Una ciudad permanentemente vigilada, una ciudad que se expande y devora pequeños núcleos urbanos. Una ciudad sin puertas ni murallas, muchas veces sin centro, una ciudad en la que, en definitiva, el espacio público se ha privatizado, cuando no mercantilizado. Podemos pasear por muchas ciudades del mundo y no notaríamos una sola diferencia, nos sentiríamos como en casa, y en una sociedad que hunde sus raíces en el miedo este nuevo diseño es realmente tranquilizador. La ciudad ha pasado de ser una jungla a convertirse en un jardín donde la naturaleza huelga por su ausencia

Las artes de calle evolucionan en función de donde se suceden, no puede ser de otra forma, siempre lo ha sido, y esto no va a cambiar. Para poder hablar de la evolución de las artes de calle tenemos que reflexionar acerca de la evolución de los paisajes urbanos y del concepto de espacio público y los usos de los mismos. No pretendo establecer una sincronía lineal en la que mediante una gráfica temporal se aprecie un cambio continuado en la misma dirección. No podría. A cada espacio le corresponde una expresión acorde con el propio lugar y la sociedad que lo habita.

Hace tiempo que las diferentes artes dejaron de ser compartimentos estancos para fusionarse entre sí. Estas fusiones son bidireccionales.  Actualmente las fronteras entre los diferentes lenguajes escénicos se han difuminado, y en muchos casos han desaparecido, propiciando una nueva gramática de signos, fruto de las sinergias provocadas por la fusión de las diferentes disciplinas, tanto escénicas como artísticas o técnicas. Tenemos ante nosotros una nueva poética, construida con unos cimientos transdisciplinares, en la que las artes de calle se mueven como pez en el agua.

En todos estos nuevos procesos creativos, que utilizan desde la intervención urbana a la post-performance, desde la guerrilla antisistema a las estrategias publicitarias, pasando por las artes marciales, el deporte, la arquitectura, la biología, el mecánico de la esquina y el vecino de enfrente que experimenta con vete tú a saber qué, las artes de calle tienen mucho que decir. Esperemos que esta vez no le sean arrebatadas sus virtudes como ha pasado tantas veces a lo largo de la historia.

El cine y la televisión han condicionado tremendamente al espectador y al creador. En un principio, el cine se valió de las artes escénicas para desarrollar su propio lenguaje, recogió las técnicas narrativas, interpretativas, escenográficas y las fue modificando lentamente en función de sus características intrínsecas, llegando a generar un lenguaje propio. El espectador, un espectador sin prejuicios ya que fue creciendo y educándose al mismo tiempo que el cine y la televisión asimiló este nuevo lenguaje con total naturalidad.  Ahora las artes escénicas recogen estos hallazgos y los incorporan en sus espectáculos y lo que es más importante, reelaborando una vez más el lenguaje para llevarlo a su terreno, generando una nueva gramática.

En Europa, la inmigración está cambiando la sociedad de forma patente. La mezcla de culturas, cuando estas se producen, suponen un enriquecimiento cultural que amplía los horizontes tanto de los creadores como del público potencial y abre nuevos caminos a la investigación. La fusión está servida. Y es en la calle donde estas fusiones empiezan, porque es en la calle donde estas nuevas culturas emergentes encuentran un hueco donde crecer y consolidarse. Más adelante, posiblemente abandonen su lugar de nacimiento y se instalen en un teatro, arropados por la crítica y con el beneplácito de toda la sociedad. No podemos obviar el hecho de que muchos de los movimientos artísticos han nacido fuera del abrigo de la cultura establecida, merced a  una necesidad de expresión, que ignorada por todos encuentra su hábitat natural en la calle. Un arte que desarrolla sus propios códigos al margen de la cultura dominante, pero que poco a poco, irá calando, haciéndose extrañamente familiar, para acabar con el paso de los años  integrándose de forma admirable, como si siempre hubiese estado allí, haciéndose imprescindible, y me atrevería a decir constituyéndose en un rasgo característico de esta misma cultura que tiempo atrás la repudiaba.

Un claro ejemplo lo tenemos en la cultura hip-hop. Desde la guerra del Vietnam hasta nuestros días el hip-hop ha pasado de ser un medio de expresión perteneciente a los excluidos a convertirse en un icono de la juventud, y cuyos frutos podemos degustar en prestigiosos museos y grandes teatros o festivales previo pago de la correspondiente entrada.

Pensemos en el fenómeno de los parkours, conocidos como yamasaki gracias a la pélicula del mismo nombre y cuyos protagonistas son compañeros de David Belle, fundador de esta disciplina, quien a sus 15 años comenzaría una andadura que desembocaría en lo que ellos mismos denominan “artes del desplazamiento.” Un movimiento que hunde sus raíces en el uso del mobiliario urbano. El mismo que muchas veces, tanto nos molesta cuando organizamos un festival. Para ellos, es su razón de ser, su espacio. Lo utilizan tanto a nivel sígnico como simbólico, configurando escenografías de lo real  pero también elementos de apoyo y empuje a nivel técnico que a día de hoy está evolucionando adquiriendo elementos escénicos cada vez más interesantes. Muy cerca de la torre Agbar, en Barcelona, podemos encontrar un buen número de practicantes en “La Makabra”.

Ahora, en estos mismos momentos se están gestando nuevas formas de expresión que están directamente relacionadas con la calle, a las que nosotros, miembros de una cultura dominante y cerrada no queremos acceder porque las consideramos menores. Tiempo al tiempo. Me temo que volveremos a repetir los mismos esquemas que tan bien nos han funcionado. Asimilaremos las nuevas formas, y en ese proceso de asimilación traeremos a nuestro terreno el talento,  la innovación y la energía de estos artistas emergentes y despojaremos la calle, una vez más, de creadores, auténticos intelectuales, renovadores, que de haber continuado su trabajo en la misma habrían obtenido, cuando menos, los mismos resultados artísticos y pienso que posiblemente hubieran llegado a un lugar  que ni siquiera podemos imaginar. Pero la calle es para los perdedores, los desposeídos, los marginados, los perros flauta. Qué triste perversión…

Independientemente de las sinergias entre las diferentes artes nos encontramos con otras disciplinas que sin pertenecer al ámbito artístico utilizan los recursos inherentes a las Artes de Calle para su propio beneficio estableciendo un nuevo mapa de llamémoslo así acciones urbanas de difícil catalogación, muchas de ellas con intenciones publicitarias, políticas, o de denuncia social.

La publicidad ha encontrado un campo abonado en unas ciudades deshumanizadas, donde la diferencia entre la ficción y la realidad es una línea tan fina que muchas veces pasa inadvertida. Cuando el potencial cliente está saturado de los clásicos impactos publicitarios en televisión, medios de prensa, vallas publicitarias y paredes, cuando  ya no nos sorprende nada porque todo es previsible, cuando la realidad se percibe sentado en un sillón delante de un televisor de plasma, es entonces cuando las acciones de calle adquieren un protagonismo revelador, enganchando de nuevo al cliente y enviándole directamente a comprar el terminal telefónico de moda. Muchas son las compañías de artes de calle, que con mayor o menor polémica han trabajado con empresas publicitarias construyendo una serie de acciones  destinadas a seducir al espectador. A modo de ejemplo cito a una compañía de todos conocida, La Fura dels Baus.

Pero los creativos publicistas no se quedan aquí, siguen imaginando nuevas formas de llegar al cliente y las artes de calle siguen siendo colaboradoras excelentes. De los grandes eventos destinados a acaparar preciados minutos en televisión o páginas derechas en la prensa, pasamos al boca a boca de cada ciudadano en particular. Se diseñan acciones de calle con un presupuesto mínimo que son vistas por un reducido número de espectadores de forma sorpresiva. Estas acciones, la mayoría de ellas, intentan ocultar hasta el final su verdadera cara, haciendo creer al ciudadano que lo que está viendo es real. Cuando la acción termina es entonces cuando se lanza el mensaje publicitario y este estalla como una carga de profundidad en el futuro cliente, que además asume el papel de cómplice, ya que no dejará pasar la oportunidad de comentar el suceso una y otra vez ante sus asombrados oyentes, los cuales también comentarán lo acontecido en una cadena que se reproduce exponencialmente.   

Internet, a día de hoy está jugando un importante papel en la sociedad, transformando los hábitos de consumo y creando nuevos canales de comunicación. Si nos centramos en el fenómeno de las redes sociales, también conocido como Internet 2 encontramos una paradoja cuando menos inquietante: El papel de espectador se ha pervertido de tal forma que ahora es el propio receptor de la información quién se encarga de la inclusión de los contenidos. Nos convertimos en actores y espectadores. En estas redes se establece un juego constante en el que la realidad y la ficción conviven en plena armonía. El verdadero protagonista pasa a ser el grupo y el individuo queda relegado a un papel de actor secundario sin importancia en este  entramado dramatúrgico en constante evolución. Somos generadores  y devoradores de historias, y además, en muchos casos, pagamos por ello.

Un claro ejemplo de aplicación práctica  lo tenemos en el colectivo Improv Everywhere, que desde su página web muestran como trofeos las intervenciones realizadas. De todos y para todos, desde actores y bailarines profesionales al abuelo que da de comer  a las palomas, todos tienen cabida en este proyecto. El colectivo mantiene un portal en Internet y lo utiliza como plataforma para vender los libros y dvd que hacen recopilando las diferentes intervenciones, darse a conocer y convocar a los futuros actores, bailarines, paseantes, gemelos, cojos, señoras con perrito, taxistas o simplemente anónimos ciudadanos dispuestos a participar en una acción colectiva. En esa convocatoria se les pide que vayan vestidos de una forma determinada y que lleven una serie de objetos necesarios para la realización de la intervención. Se les cita en una fecha determinada, a una hora concreta en el lugar elegido y hacen lo que les toca. Por poner un ejemplo cito “Mp3 Experiment” una serie de intervenciones con un alto número de participantes (en torno a 600 personas) realizadas en diferentes ciudades. Los actuantes se bajan de internet un archivo de mp3 y se presentan en el lugar, habiendo sincronizado previamente los relojes para que todos empiecen la reproducción del archivo en el mismo momento. Simplemente tienen que hacer lo que se les dice, que no es poco. Desde internarse en un bosque a bailar dando saltitos. Pueden verse involucrados en una batalla o acabar seducidos por vete tu a saber qué. Para realizar esta acción tan sólo se requiere dejarse llevar, no hay límite de edad, ni clase social ni color.

También hacen intervenciones donde se requiere un alto grado de cualificación. En “Food court musical” dejan con la boca abierta y sin masticar a todo un restaurante  de un centro comercial improvisando una comedia en clave de musical, esta vez, sin mp3, pero con el papel aprendido y por supuesto cantando, actuando y bailando, como manda el género. Mencionar también “Human Mirror”. Imaginaros a 18 gemelos emparejados, uno frente al otro en un vagón de metro, imaginaros la reacción del resto de viajeros. No digo más.

¿En qué medida las artes de calle se ven influenciadas por Internet y las tecnologías emergentes? Permítaseme decir que la transformación que están  provocando estas tecnologías en los países civilizados afecta a todas las parcelas de la sociedad sin exclusión alguna. Permítaseme, asimismo, aseverar rotundamente que uno de los cambios que más directamente afectan a los profesionales de las Artes de Calle es el cambio en la forma de percibir la realidad. La recepción del espectador está cambiando de forma drástica, a una velocidad que se hace, cuando menos, difícil de seguir.

La transmisión de la información, la codificación de la misma  se establece ahora de forma muy diferente a como se hacía hace tan sólo sesenta años. Estamos hablando de una información compleja transmitida por un solo canal. Ahora la información se transmite de forma simple por múltiples canales y quiero pensar que es en el proceso de descodificación de esta información cuando la misma adquiere un significado complejo. Todo esto ha beneficiado al fortalecimiento de las dramaturgias sensoriales, especialmente las visuales y también las experienciales. Pero también está produciendo cambios en las artes escénicas convencionales, modificando también los tiempos de duración de un espectáculo, la elaboración del discurso, el planteamiento escénico escenográfico y  la construcción de los diferentes signos que configuran el entramado dramatúrgico.

La aplicación de las técnicas de multimedia en las artes de calle nos descubre un mundo de posibilidades ingente. Lo que hace apenas diez años ni nos atrevíamos a imaginar, hoy se puede realizar con unos costes cada vez más asequibles. Los avances en óptica, sonido, electrónica e  informática, permiten puestas en escena que utilizando estas herramientas transforman el espacio y nos introducen en un universo poético sin límites. Utilizadas, incluso, en directo. Hay dos formas de entender el uso tecnológico aplicado a las artes de calle, la primera consiste en utilizar  estas herramientas como un sustitutivo de elementos con el fin de abaratar costes o simplemente renovar la estética. La otra, a mi juicio mucho más interesante, consiste en la investigación tecnológica y escénica con el fin de generar un nuevo lenguaje, abrir nuevos caminos.

Jenny Holzer es una artista multidisciplinar que a finales de los años 70 comienza una serie de obras textuales con las que indaga en la creencia de verdades universales. Estos textos se proyectan en edificios, invaden vallas publicitarias y toman cuerpo en el mobiliario urbano. Valiéndose de una sola frase o mediante una sucesión de de ellas conforma un abanico de opiniones que evidencian la diversidad y la contradicción de nuestra sociedad contemporánea ante los ojos del espectador–lector.

Play the Magic ha creado una instalación “Building Music” en la que el espectador interactúa con la fachada de un edificio valiéndose de una linterna. Dependiendo de donde apunte la linterna sonará un sonido u otro y se iluminará esa parte del edificio como si de una tecla se tratase, convirtiendo el inmueble entero en un instrumento musical a disposición de los espectadores.  Esta misma compañía realizó la instalación site-specific “Los fantasmas del matadero” en el marco de la bienal de arte contemporáneo del Matadero. Utilizando las características del lugar, que realmente fue un matadero, la compañía diseña un sistema de interacción similar al que explorara en “Bulding Music” pero esta vez la linterna muestra lo que los ojos humanos no ven. Fantasmas, los fantasmas de los animales sacrificados durante años, en ese mismo lugar, y sus gritos en el  momento del sacrificio.

Marcelí Antúnez en sus instalaciones desarrolla todo un sistema de signos que interactúan con el espectador y convierten la instalación en un sistema autónomo que se define en función de las diferentes acciones que el público realiza, bien de forma consciente, mediante un interface o bien de forma inconsciente mediante sensores. Ni siquiera es necesario que el espectador esté presente en la misma ciudad. La acción de un espectador situado en otra localidad implica una interacción en el resto de instalaciones que desde diferentes lugares se realizan de forma simultánea.

Robert Lepage es un conocido director de escena que trabaja mano a mano con la tecnología. Cuando le llamaron para contribuir al 400 aniversario de la ciudad de Quebec, diseñó un espectáculo visual y sonoro con unas proyecciones que tenían unas dimensiones de treinta por seiscientos metros transformando completamente el paisaje de la ciudad. ¿Cómo se puede sentir alguien cuando ve un espectáculo de semejantes dimensiones? Podríamos establecer un paralelismo entre el peregrino que siglos atrás, al término de su azaroso viaje, contempla por primera vez en su vida la fachada de la Catedral de Santiago de Compostela. Semejantes dimensiones, nunca vistas por él, le trasladaban inmediatamente a la majestuosidad de Dios Omnipotente, al milagro, al poder de la Santa Madre Iglesia y al pobre de mí, renacuajo inmundo que he llegado hasta aquí. Ahora estos nuevos peregrinos transformados en turistas posiblemente experimenten sensaciones parecidas pero desde la perspectiva de un entorno civil.

Peter Reder  y su “Guided Tour” es un claro ejemplo de una búsqueda transdisciplinar y de un aprovechamiento de las características particulares del lugar de la representación. Este creador del Reino Unido nos introduce en una voraz crítica a las industrias de patrimonio convirtiéndose en un guía turístico en el que al tiempo que nos habla sobre un determinado espacio evoca la necesidad de recuperar una mirada personal del individuo frente a los hechos acontecidos en el pasado. El artista trabaja directamente con el espacio, modificando el espectáculo en función del lugar  y los hechos históricos que lo definen. No estoy hablando de una adaptación al entorno, estoy hablando de una reestructuración completa del espectáculo, modificando incluso, mediante pequeñas instalaciones, el lugar de la representación y estableciendo una nueva lectura del entorno.

Partiendo de supuestos parecidos Délices Dada se hacen pasar por guías turísticos dispuestos a enseñarnos las particularidades de la ciudad con una peculiaridad, se inventan absolutamente todo y son capaces de mostrarnos una metrópoli  que en nada se parece a la que estamos viendo, pero que quedará en nuestra memoria durante muchos años, conviviendo en armonía y haciéndonos sonreír, porque la ciudad, nuestra ciudad, afortunadamente, nunca volverá a ser la misma. De alguna manera nuestro concepto de ella habrá cambiado para siempre.

Otro claro ejemplo de lo que pueden ofrecernos las fusiones interdisciplinares lo encontramos en la danza, más concretamente en la danza aérea. Utilizando técnicas de escalada y combinándolas con el lenguaje coreográfico y la arquitectura consiguen sorprender al espectador con unas propuestas que adquieren su pleno sentido y razón de ser en la calle. Fruto de las posibilidades y limitaciones que encontramos en esta disciplina surgen nuevos caminos a investigar que determinarán su poética correspondiente. Todavía es pronto  para establecer un juicio o simplemente intuir hacia donde evolucionará. A día de hoy estos creadores están iniciando un camino nuevo, repleto de obstáculos, acompañados de ingenieros, mecánicos, escaladores, físicos dispuestos a encontrar soluciones a cada obstáculo. No sabemos dónde llegarán, pero posiblemente cualquier día encuentren algo que cambie para siempre nuestra actual concepción de esta forma de danza emergente. Dos ejemplos, la compañía Retouramont y Deambulants.

Pero también la danza contemporánea coquetea con la calle liberándose del yugo que supone la tradición y desarrollando nuevas relaciones espaciales con el entorno arquitectónico y el público, que, lejos de estar sentado en una butaca se mueve, entra, sale, se sienta o se levanta, se asoma al balcón o simplemente pasa de largo. Compañías como Ex nihilo, Beau geste, Frecuencia moderada, Senza Tempo, Sol Picó, Juschka Weigel, Alexis Fernández y Caterina Varela,   entre otras muchas están investigando en las nuevas posibilidades de la danza en los espacios públicos, entendiendo dichos espacios no solo en un concepto espacial, también histórico, social, poético, generando coreografías que interactúan  con el entorno y el espectador desde diferentes planos narrativos.

Encontramos trabajos más cercanos a la guerrilla urbana que pretenden concienciar al paseante acerca de determinados temas utilizando el espacio público y algunas técnicas de artes de calle, desde el teatro pasando por la danza o el circo.

En España el proyecto Invasión Danza es uno de los que más visibilidad está teniendo. La propuesta es sencilla, se escoge un determinado espacio público, vale todo, desde un paso de cebra a un autobús, desde una calle abarrotada de gente a una fuente pública, un hotel, un bar, o un ascensor, se diseña una coreografía para el lugar elegido y se realiza sin aviso ante los alucinados viandantes, al tiempo que se graba en video para después colgar el proceso documentado en Internet, de forma que quede constancia del mismo. Invasión danza pretende mediante estas acciones concienciar al ciudadano, atraer sensibilidades y divulgar un arte, que como tantas otras, apenas puede sobrevivir.

¿Qué ocurre cuando todo un pueblo se pone de acuerdo para encender la chimenea a una hora establecida? ¿Qué ocurre cuando el humo de cada chimenea sale de un color determinado? ¿Qué vemos si observamos esta acción desde una colina cercana? Y en una gran ciudad ¿qué pasa cuando a una hora estipulada, las luces de cientos de ventanas se apagan o encienden formando frases, dibujando paisajes? ¿Qué ocurre cuando en medio del atasco de las siete de la mañana cientos de conductores milimétricamente sincronizados hacen sonar sus cláxones componiendo una melodía por todos reconocible?

Acciones como estas se han realizado y se realizan continuamente, a mayor o menor escala. Independientemente de la cabeza pensante, del creador, pueden participar cientos de personas y el resultado es disfrutado por otros muchos. Una acción individual mínima, por ejemplo, pulsar un interruptor, adquiere unas dimensión  global gigantesca.

Retrocedamos en el tiempo y fijemos nuestra mirada en los mercados y ferias de los siglos XVII y XVIII. El panadero, el pescadero o  el vendedor de especias convivían en los mercados y plazas con barracas de teatro que mostraban las curiosidades más sorprendentes. Ahora, en pleno siglo XXI algunos creadores han recuperado esta forma popular y en sus camiones y pequeñas carpas, en sus “traveling theatre” recorren el mundo con espectáculos intimistas, delicados, emocionándonos como antaño. Rien Merci o The Forman brother’s  son  es un claro ejemplo de esto. No puedo dejar de nombrar al Circo Gitano Romanés, procedente de Hungría y afincado en Francia y creo que para definirlo lo mejor son las palabras de Alexander Romanés “Mi familia hace circo desde siempre. Antes, mi abuelo iba por los pueblos con sus tres mujeres, sus hijos y un oso. A los 25 años dejé el circo familiar. Estuve un tiempo con los poetas. Después compré unas piezas de ropa, un viejo camión y algunas caravanas. Délia vino conmigo, hicimos algunos niños y tomamos la carretera. Actuaban algunos gitanos en la pista, mientras Délia cantaba rodeada por un violonchelo, un contrabajo y un acordeón”. Lo que más me impresionó de esta compañía fue ver a los niños actuando bajo la atenta mirada de sus madres, que sentadas enfrente, portando entre sus brazos un bebé, contemplaban la actuación y nos contemplaban a nosotros. Podía ver tres generaciones al mismo tiempo en la pista, el pasado, el presente y el futuro. Y esto sucede pocas veces en la vida. Era tan real, que la ficción emocionaba.

En Enero de 2001, tras escribir su “Manifiesto del susurro” Olivier Comte crea un grupo de intervención poética al que llama: Les Souffleurs, comandos poéticos. Proponen una metáfora poética del lenguaje oral susurrando pequeños cuentos al oído a  través de cañas huecas. Realizan la intervención prácticamente en cualquier sitio, una estación, un parque público, la sala de espera, un bar; y sumergen al espectador en un mundo onírico que no le permite mantenerse indiferente. El espectáculo se estructura en dos líneas claramente definidas. La primera, global, en referencia a la intervención  en su totalidad, y la segunda, personal, en referencia al cuento que sólo él, como espectador privilegiado, escucha en la más absoluta intimidad, en presencia de todos.

La provocación, el humor, la invasión del espacio público y la transgresión de las normas que lo rigen son una constante inspiración para compañías. Actores que paralizan el tráfico, se suben a las farolas, irrumpen en un supermercado, rompen el orden cotidiano y provocan las delicias, el asombro y algún que otro cabreo por parte del respetable. Actores que, como en un espejo deformado, muestran a la sociedad desde los más bajos instintos a la ternura más espontánea. Actores que se la juegan en cada función, ya que  las reacciones del público son de lo más variopintas. Desde un beso a una bofetada, puede pasar de todo. Son capaces de lanzarse bajo las ruedas de un coche o robar el contenido integro de un puesto ambulante y repartirlo entre los espectadores. Dos ejemplos, Kamchàtka, dirigida por Adrian Schvarzstein, y la Compañía de teatro gestual de Chile.

Hay espectáculos que cambian completamente la fisonomía del entorno donde se realizan, que permiten mirar con otros ojos la ciudad,  que nos quitan el foco de lo cotidiano y nos obligan a fijar una nueva mirada. Encontramos instalaciones que han desarrollado su propio lenguaje en la calle y para la calle, que no pueden realizarse en otro sitio porque perderían sus características intrínsecas. Se quedarían sin alma, serían sombras macilentas. Lugares transformados donde el sonido, el tacto, el olor, la arquitectura y el concepto de espectador son redefinidos. Instalaciones en las que la ciudad pierde su rostro, donde las marcas culturales, espaciales y temporales desaparecen revelando formas desconocidas. Donde el espacio público es interrogado. La ciudad es trascendida y cada espectador efectúa su propia lectura.

Carabosse es un claro ejemplo. Mediante sus instalaciones de fuego y su cuidado espacio sonoro sumerge al espectador en un nuevo mundo sensorial. Crean experiencias. Mundos efímeros que permanecerán eternamente en la memoria. El espectador decide el recorrido a seguir, como si de un libro se tratase puede abrir una página u otra, empezar por el final o finalizar por el medio, puede incluso perderse, puede sentarse, puede hacer lo que quiera, a fin de cuentas es coautor del espectáculo.

Ilotopie, formada por un equipo de creadores, actores, escultores, bailarines, músicos, inventores, escenógrafos e investigadores, trabaja creando, como ellos mismos definen “acciones de desorden artístico”, apoderándose de los espacios para mediante la transformación de los mismos establecer un interrogante sobre la sociedad actual. “Land act” es una acción artística que se diseña para espacios abiertos y se estructura en base a un recorrido que realizan los espectadores en el que se encontrarán con diferentes instalaciones y performances. Su alto contenido poético, su investigación en materiales, estructuras técnicas y narrativas, su compromiso con la investigación permanente, la relación que establecen entre el espectáculo, el espectador y el entorno hacen de sus creaciones experiencias únicas en cada lugar.

Retomando el espíritu de los años sesenta y setenta, caracterizados por los movimientos de agitación social, en los que se primaba la efectividad del discurso y la ideología frente a la estética, algunas compañías exploran hoy la forma de mostrar ese mundo que nadie quiere ver y de denunciar temas comprometidos, delicados y de rabiosa actualidad siguiendo la estela de entre otros  Bread&Puppet o incluso de Brecht o de Piskator.

Délice Dada se forma en el año 84, sus trabajos de escritura colectiva ponen el dedo en la yaga y mediante el humor y la poesía consiguen divertir y concienciar al público. Otro  ejemplo lo tenemos en el montaje de la compañía Hortzmuga teatroa que se adentra con “Cónsules de la calle: momento” en el sórdido mundo de los marginados.

El Aula de videocreación SalAV con el apoyo de Telenoika, un colectivo sin ánimo de lucro que reside en Cataluña y tienen un portal web que hace las veces de punto de encuentro para la comunidad de  video creadores, presentó en el Barrio de Gracia en Barcelona una intervención audiovisual contra la especulación inmobiliaria. Eligieron la fachada de una casa que acababa de ser derribada y por tanto sólo quedaba, a modo de corte transversal en la pared del edificio contiguo, el dibujo, los restos de lo que fue la casa, la situación de las vigas y marcas que dejaban translucir donde habían estado las habitaciones. Sobre esa pared proyectaban imágenes en movimiento de personajes  y objetos que habitaban de esta forma las ruinas, al tiempo que denunciaban mediante textos también proyectados los precios abusivos de la vivienda, el enriquecimiento de unos y la pérdida de poder adquisitivo de otros.

Telenoika también se ha especializado en trabajos de mapping, una técnica que permite mediante técnicas de modelado 3D y 2D proyectar imágenes gigantescas sobre un edificio  confundiendo de tal forma al espectador que este llega a dudar de lo que es real y lo que no.

Apenas si he nombrado el  Site – Specific, y no lo he hecho porque considero que en muchas de las tendencias de las que he hablado encontramos una clara referencia al mismo, encontrándose esta modalidad imbricada completamente, formando parte inseparable del espectáculo desde su nacimiento a su exhibición.

El Site – Specific es fruto de la evolución de los creadores y del público, de los festivales, del interés de todos en dignificar y ofrecer una armazón teórico en el que sustentar el discurso. Pero, modas aparte, el Site – Specific siempre estuvo ahí, aunque no supiéramos su nombre.

Y ahora la gran pregunta. ¿Hacia dónde vamos?

A modo de conclusión,  para saber hacia dónde  se dirigen las tendencias de artes de calle, debemos recapitular  sobre cómo es la calle, cómo es la ciudad hoy.

Porque la calle no es sólo el lugar de tránsito entre todos los otros espacios, es también el lugar que pertenece al ciudadano, en el que participa, se comunica, celebra y reivindica.

Vicente Verdú ha reflexionado sobre los modelos urbanísticos contemporáneos en su libro “El estilo del mundo.” Explica como el casco urbano se reconvierte en un parque temático y como se configuran  las nuevas ciudades, expandiéndose en megalópolis o ciudades privadas donde la comunicación directa y sencilla se  ve claramente dificultada.

Nos cuenta como la ciudad tradicional se rehabilita, ilumina y maquilla para atraer a los turistas que piden que esa   ciudad se convierta en entretenimiento, en un centro para el tiempo libre y la fantasía. Es decir, en espectáculo.

Paralelamente se genera, en expansión,  una ciudad multicelular, “ciudades reptantes” de crecimiento acelerado en torno a aeropuertos, grandes cruces de autopistas y trenes de alta velocidad, pero también en torno  a  recintos tecnológicos o de negocios o  centros comerciales, creciendo apaisadamente a la velocidad de la especulación.

Los urbanistas hablan de posciudad para referirse a estas extensas megalópolis cuya proporciones superan todas las escalas conocidas y donde la historia hace tiempo que perdió el hilo.

Ahora, en el Rio de la Perla, en China, se  está tejiendo  una de las principales configuraciones  financieras  y comerciales  del mundo, dotada con 5 aeropuertos y  compuesta por 50 millones de personas. El centro, Shenzhen, fue una ciudad de pescadores de 30.000 habitantes hace 15 años, ahora cuenta con una población de 8.277.500 de habitantes, de los cuales 1.819.300 habitantes tienen residencia legal, y el resto, 6.458.200 habitantes, está compuesto por población que reside temporalmente como resultado de la migración de otras regiones en busca de trabajo temporal. Tiene una densidad de 4.334 habitantes por km² según Wikipedia.

Modelos posurbanos en los que aumenta la población de las áreas periféricas constituyendo monótonos entramados de calles residenciales, complejos comerciales y bloques de oficinas desprovistas de centralidad. Modelos formados por anchas regiones sin cabeza, dotadas de alta tecnología empresarial, radiantes centros comerciales, y que generan una dependencia absoluta del automóvil.

En clara reacción a este modelo nacen las ciudades privadas Gated community o C.I.D. (common-interest-developments).

Están formadas por viviendas con su correspondiente piscina, su precioso jardín cuidado al detalle, y terroríficamente parecido al de la ciudad de al lado, sus baldosas de colores, sus esmerados carteles, sus preciosos amaneceres, sus visillos de colores, todos iguales o siguiendo un diseño diseñadísimo, sus escuelas, oficinas, tiendas inmaculadas donde uno se pregunta si la carne es de verdad o forma parte del decorado, vamos que tienen todo lo que tiene que tener una señora ciudad. La única diferencia es que no existe nada público. Ni una plaza, ni un banco, ni tan siquiera una farola. Todo se ha privatizado. Se encuentran custodiadas por guardas privados, barreras y videocámaras, con derecho exclusivo para sus dueños y restringido a las visitas. Toda una cárcel de oro. Eso sí, segura, muy segura, segurísima, y me atrevería a decir que aburrida, muy aburrida, aburridísima.

Vuelvo a preguntarme ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué hacemos con esto? ¿Dónde queda entonces el azar, el tropiezo, la zozobra,  la esencia de la expresión en la calle? Esta respuesta, como tantas otras estará en boca de los artistas, serán ellos quienes nos respondan, solo hay que esperar, ellos ya están trabajando en ello, y esto me tranquiliza.

He hablado de técnicas, estéticas y compañías,  pero hay otros agentes que inciden en el proceso creativo, Hay espectáculos que sólo se pueden realizar cuando se dispone de unas infraestructuras plenamente consolidadas. Espectáculos de gran formato con unas necesidades de producción que superan el presupuesto de muchos festivales, espectáculos que ven la luz gracias a la unión en coproducción de festivales y gobiernos. Que nacen de la comunicación, de las redes de trabajo, de las complicidades. Y esta también es una característica de nuestra sociedad. La gran facilidad que tenemos, cuando queremos, para comunicarnos. No nos olvidemos de los espectáculos de pequeño formato que requieren, al igual que los grandes,  un largo proceso de investigación para ver la luz.

En esta nuestra época estamos avanzando, y mucho, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de pedir un espacio, un compromiso de residencias artísticas en cada festival, un lugar para la experimentación, una universidad, y puestos a pedir un departamento de investigación  desarrollo e innovación en cada compañía. Pertenecemos a lo efímero, nuestra batalla se sitúa en el más inmediato presente, después no queda nada. Somos responsables de  translucir lo invisible, vivimos de las ideas y necesitamos alimentarlas, dejarlas crecer para que se equivoquen y nos muestren otro camino, no pedirles nada a cambio. Ese es el juego, Yo creo, tú me ayudas, de esa forma tú también creas, conmigo, juntos. De la mano.

© 2009 Andrés Beladiez Rojo. Primavera de 2009. Todos los derechos reservados

2016-10-26T10:41:17+00:00